domingo, 28 de septiembre de 2014

Palabra de Yeats


Reconocemos fácilmente el arrebatado estilo de Yeats en uno de sus mejores poemas, justo aquel que dice:

Girando y girando en el creciente círculo
El halcón no puede oír al halconero;
Todo se deshace; el centro no puede sostenerse;
Mera anarquía es desatada sobre el mundo,
La oscurecida marea de sangre es desatada, y en todas partes
La ceremonia de la inocencia es ahogada;
Los mejores carecen de toda convicción, mientras los peores
Están llenos de apasionada intensidad.

Seguramente alguna revelación está cerca;
Seguramente la Segunda Venida está cerca.
¡La Segunda Venida! Apenas pronunciadas esas palabras
Cuando una vasta imagen del Spiritus Mundi
Inquietó mi vista: en algún lugar en las arenas del desierto
Una forma con cuerpo de león y cabeza de hombre,
Una mirada vacía y despiadada como el sol,
Mueve sus pausados muslos, mientras por doquier
Circundan las sombras de las indignadas aves del desierto.
La oscuridad cae de nuevo; pero ahora sé
Que veinte siglos de un pétreo sueño
Fueron contrariados hasta la pesadilla por el mecer de una cuna,
¿Y qué tosca bestia, cuya hora llega al final,
Cabizbaja camina hacia Belén para nacer?

The Second Coming (W.B. Yeats, 1919), versión de Juan Carlos Villavicencio en Revista Descontexto

Se trata efectivamente de La Segunda Venida. Como es notorio, el poema arranca con un diagnóstico algo sombrío para luego, al entrar en la segunda estrofa, adoptar un tono entre inquietante y apocalíptico. Pero antes de que ahí llegue el tremendo torrente de imágenes, destaca por encima de todo una cruda verdad con la que Yeats nos despoja de cualquier esperanza, una verdad llamada a ensombrecer los momentos y situaciones más críticos:
Los mejores carecen de toda convicción, mientras los peores están llenos de apasionada intensidad.


sábado, 27 de septiembre de 2014

Entendimiento paralelo


Están los hechos:
Se lee a mucha mayor velocidad que como se escribe, aunque concretando menos. Se escribe a menor velocidad que como se piensa, aunque concretando más.

Luego están las reglas:
Nada se concreta si no se entiende. Si la concreción no es otra cosa que el entendimiento, está por un lado el entendimiento del que escribe y por otro el del que lee.
Nada se piensa en concreto hasta que no se repiensa. No es lo mismo lo que repiensa quien lee, que lo que se repensó y quedó escrito.
Nada se lee como lo lee quien lo escribe. No existe grado de concreción similar en ambos, tampoco un entendimiento paralelo.

Y al final vienen las conclusiones:
A igualdad de ganancias y pérdidas en esas concreciones, uno tiende a creer que cuando lee capta realmente lo que otro piensa.
Esa igualdad, imposible como el entendimiento paralelo, está más próxima y puede llegar a ser una perfecta ilusión cuando uno escribe rápido y el otro lee lento.


miércoles, 24 de septiembre de 2014

Obsolescencia


Al cabo del tiempo descubres que todo pesa más de la cuenta, que cagar y aliviarse no es tan fácil, que lo de follar en canal caduca, que van descaradamente a por tu manteca, que te invitan para ponerte de adorno, que por lo menos bebido no vas a ninguna parte  y que no debes mirar a los jóvenes fijamente.

lunes, 22 de septiembre de 2014

A posteriori


Después de mucho trajinar sin éxito entre las obras del autor en busca de la cita precisa, ha querido la suerte que pasados unos meses, en el ojeo casual en un cuaderno olvidado, surjan luminosas una serie de tres afirmaciones bien engranadas y certeras, justo cuando ya ni parecían necesarias. Como me resisto a despreciar los beneficios de la casualidad y veo en esta aparición el augurio de una interesante vuelta al tema, ahí va este esclarecedor pasaje de Walter Benjamin:

«Huella y aura. La huella es la aparición de una cercanía, por lejos que pueda estar lo que dejó atrás. El aura es la aparición de una lejanía, por cerca que pueda estar lo que la provoca. En la huella nos hacemos con la cosa; en el aura es ella la que se apodera de nosotros». (Libro de los pasajes, M 16 a, 4)

No sé si proponiéndolo me apropio de este pasaje o si simplemente me he dejado atraer por su magnética precisión. Creo que es más bien el aura luminosa desde la que se proyecta —con sus dos definiciones y sus relaciones con el objeto— la que me engaña. Y está también presente la huella indeleble de Benjamin, a quien en profunda sintonía he creído a veces hacer mío. Así que prefiero dejar ahí el pasaje, sin hacer tampoco mucho comentario, que coleccionarlo como una cita más. Hacerlo sería tan inútil como hacerse con una ventana de finísima geometría para adornar nuestra galería, porque su valor depende al final de ante qué la pongas y tengo la certeza de que el paisaje que mejor le cuadra aún está por llegar.


Enfatizar


El énfasis sume hasta las afirmaciones más inocentes en un halo de sospecha.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Voces proféticas


Privilegio de profetas es esa prosa densa como la lava calmosa, ansiosa como una rumia ardiente, desbocada como un pensamiento ruidoso; mana incansable, camina torturada, se alza estrepitosa y a todos los que la siguen nubla, aturde y agota.

Lo que se perdió


Como no es fácil perderse de vista a uno mismo, siempre le queda al desnortado y perdedor habitual la posibilidad de refugiarse en su laberinto, en el que sin buscarse reto alguno encuentra feliz ocasión de mostrar su calidad de memorioso buscón y de redimirse a perpetuidad como dueño indiscutible de todo lo que ha perdido.